Carraspeó un poco al llegar a la mesa, y él pareció salir de su concentración para mirarla con sus prístinos ojos azules que parecían pintados con acuarelas, y dedicarle una brillante y perfecta sonrisa. Un mechón de cabello oscuro se le cayó ante los ojos al levantar la cabeza, y lo echó hacia atrás con una mano. La camarera se le quedó mirando casi como si el tiempo se hubiese detenido en ese instante.
-¿Qué sucede?
-Eeemmm... Esto... hay ahí un caballero que desea hablar con usted. -le dijo sin demasiados rodeos, señalando hacia el hombre extraño que seguía en la barra.
-Ah, ya veo. -Baco se levantó y se acercó hasta allí, sin dejar de sonreír. El hombre se giró hacia él en cuanto empezó a acercarse.- ¡Vaya, el pródigo Áquila ha vuelto entre nosotros! -exclamó al llegar a su lado, ofreciéndole una mano.
-Y yo puedo ver que nada ha cambiado por aquí desde mi partida. -le miró un momento la mano, con cierta desconfianza, antes de cogerla firmemente con la suya y volver a soltarla casi al momento.- Ni siquiera ha cambiado el sitio dónde encontrarte.
-Bueno, los viejos hábitos nunca mueren, y yo tengo algunos demasiado viejos ya como para cambiarlos a estas alturas.
-¿Dónde están Estela y los suyos, Baco? -le miró fijamente a los ojos, como un ave de presa buscando algo.
-¿Sabes que te cortará el cuello si se entera de lo que hiciste, Cazador? -no dejaba de sonreírle, y su voz era suave y casi melodiosa como un canto lejano.
-Las noticias que traigo son demasiado importantes como para perder el tiempo con las cosas que pasaron entonces. -parecía realmente serio.
-¿Qué ha sucedido al Otro Lado? -la sonrisa se desdibujó un poco en sus labios.
-¿No se ha sabido aún? ¿No ha llegado a tus oídos como todo?
-Sabes que no tengo fuentes para saber todo lo que pasa allí. Y si sé sobre los Exiliados es porque la propia Estela me lo cuenta.
-¿Así que los Antiguos Dioses no lo saben ya todo todo el rato? -el Cazador no pudo evitar una sonrisa irónica.
-Nunca lo hemos sabido todo de tu gente, Cazador. Nunca tuvimos el mismo efecto sobre vosotros que sobre los mortales.
-Excepto sobre Estela...
-Tampoco me he metido nunca en sus asuntos...
-¿No le contaste entonces lo que crees que sabes sobre mí? ¿Ni aunque también fuese hijo tuyo?
-¿Qué puedo decir? -volvió a sonreír ampliamente.- He pasado por estas cosas demasiadas veces ya...
-¿Entonces me dirás dónde se encuentran? -Áquila parecía tener más prisa que nunca.
Le puso una mano sobre el hombro, y el Cazador recordó sus palabras: "nunca tuvimos el mismo efecto"... no, para influenciar a los suyos necesitaban mucho más contacto que con los humanos... una mano sobre el hombro, por ejemplo. Miró la mano de Baco con sorpresa, cierto temor, y algo de recelo.
-No temas, sólo iba a ofrecerte una copa para que te relajes un poco... y para que esperes conmigo. Estela suele venir por aquí de vez en cuando, y creo que hoy es uno de esos días... -parecía tremendamente confiado al respecto, así que Áquila se relajó un poco- ... quizá así también puedas contarme qué ha pasado al Otro Lado.

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