martes, 5 de noviembre de 2013

III- Intra Silva (II)



No tardó mucho en posarse a su lado un hermoso halcón peregrino que llevaba un conejo muerto agarrado con una de sus patas. El halcón le ofreció la presa, dejándolo sobre una de sus piernas mientras le observaba atento y curioso con sus redondos ojos amarillos. El Cazador sonrió un poco y tomó el cuerpo inerte del conejo con una mano.

-Muchas gracias, pero no era necesario. No es ésto lo que busco. -le dijo al ave, levantando un poco la presa que le había ofrecido.- Necesito tus ojos y tu velocidad. Necesito salir de este bosque y encontrar a otros como yo. Los otros que viven entre los mortales.



La rapaz le seguía observando fijamente, moviendo un poco la cabeza ante cada palabra del Cazador como si entendiese a la perfección todo lo que le decía, y realmente no podía ser de otra forma. Cuando hubo terminado su explicación chilló un par de veces,  y él le devolvió otra sonrisa.



-Muy bien. Te esperaré por aquí. Puede que al final tu ofrenda sí que vaya a serme de ayuda.

El halcón se atusó las plumas durante un momento antes de lanzarse al aire y aletear un par de veces para salir del medio de la vegetación y remontar el vuelo hacia el cielo. Le oyó chillar otra vez sobre su cabeza mientras apoyaba la espalda en el tronco del roble, cerrando los ojos y esperando a que sucediese la Conexión.

Ocurrió en lo que dura un parpadeo, y pudo ver a través de los ojos del halcón, que volaba rápidamente sobre el bosque, una maraña de árboles allá abajo con un río atravesándolo. Le pareció que no tardaba demasiado en llegar a los límites, pero no podía estar seguro; la cabeza y el cuerpo de un halcón funcionaban de una forma muy distinta a su propio cuerpo, todo parecía como si estuviese acelerado cuando se unía a un ave de presa. El mundo no se veía ni se sentía de la misma forma. El viento acariciaba sus plumas pero se sentía más como si estuviese flotando en un lago que como cuando el aire azotaba su propia piel. Su vista entonces -o más bien la del ave que usaba- alcanzaba distancias y detalles a veces más allá de lo comprensible. Podía distinguir perfectamente, sobrepasados los límites del bosque, las formas serpenteantes de esos oscuros caminos... carreteras, había oído que les llamaban... por dónde se movían como escarabajos de colores los modernos vehículos automóviles de los mortales. Era la primera vez que los veía en persona, la última vez que había estado a Este Lado todavía se movían en sus antiguos carruajes tirados por caballos.


-... Áquila... Señor Áquila... -una voz, como un eco lejano del pasado, le hizo parpadear; y de pronto volvía a estar sentado a horcajadas, en el roble, mirando alrededor con cierta confusión. Le seguían rodeando las hojas y las ramas del árbol en el que estaba, y las de aquéllos próximos a él. El sol brillaba en lo alto, aunque no hacía demasiado calor. Algunos pájaros cantaban aquí y allá... pero no, eso no podía haber sido. Tenían que ser otra vez las malditas Pesadillas; quizá le habían seguido después del Interregno, de alguna forma... Entonces volvió a ver el destello blanco por el rabillo del ojo. Notó un soplo de aire helado que le sacudió un mechón de pelo contra la mejilla... ¿Y si no había llegado nunca a salir de allí? ¿Y si todavía estaba atrapado en el Interregno, rodeado por las Pesadillas?

Y de pronto la visión apareció ante él, clara y nítida como una imagen reflejada en un espejo.

-Señor Áquila... -le oyó decir mientras él abría mucho los ojos completamente desbordado por la sorpresa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario