Lenora se plantó en el
cruce de caminos con los brazos en jarras y miró a Krann.
-¿Y ahora qué? -giró la
cabeza siguiendo uno de los caminos con la vista, para luego hacer lo
mismo con el otro.
-Mmmm... No sé... ¿Y si
lanzas una moneda? -le contestó, meneando la mata de pelo rojo.
Lenora metió la mano en
la bolsita de piel que llevaba cosida a la cintura del vestido. Hurgó
un rato y sacó una brillante moneda de plata.
-Si sale el rey, vamos por
la derecha; si sale el búho, por la izquierda. ¿De acuerdo?
-Paraparaparapara... ¿y
por qué no al revés? -los enormes ojos saltones de Krann giraron
hacia arriba para mirarla a la cara.
-Pueees... porque a mí me
gusta más así. -Lenora se mordió el labio.
-Bueno, pues si es sólo
por eso... ¡Vale! -y los ojos volvieron a girar hacia abajo para
mirar al suelo de nuevo.- Pero no hagas trampas.
La blanca mano se movió
en el aire rápidamente, seguida por el tintineo de la moneda al
chocar contra la calzada de piedra.
-¡Rey! -sentenció Krann.
-Nonono. -respondió ella
meneando uno de sus finos dedos-. ¡Es búho! ¡Fíjate bien!
Cuando los ojos de Krann
giraron otra vez hacia la moneda, ésta tenía grabada la figura de
un búho.
-¡Lo has vuelto a hacer!
-los dos enormes pies marrones asomaron bajo la mata de pelo rojo,
moviéndose compulsivamente. El pelo se agitaba y ondulaba por toda
la superficie del cuerpo de Krann.- ¡Has vuelto a hacer trampas!
-¡No es cierto! ¡Ha
salido búho! ¡Tú no lo quieres reconocer! -y le dio la espalda,
dando golpecitos en la piedra con un pie.
-¡Tramposa! -uno de los
pies marrones golpeó la moneda- ¿Ves? ¡Dos búhos!
Lenora se giró con los
ojos entrecerrados.
-¡No es cierto! ¡Hay un
búho y un rey! -y agitó de nuevo el dedo ante los ojos de Krann.
-¡No vuelvas a hacerlo!
-Krann intentó poner el pie sobre la moneda, pero no lo hizo a
tiempo. Un rey de frente apareció donde debería estar de perfil.-
¡Si querías ir por ese camino, podías haberlo dicho!
Lenora le miró.
-¿Y qué más da cuál
camino coger? Eso no es importante. -y se cruzó de brazos.
Krann movió torpemente la
bola de pelo rojo que era su cuerpo hasta ella.
-Entonces no tenías por
qué hacerlo.
-Cierto. -Lenora bajó la
vista.- Ha sido un poco estúpido, ¿no? -y se agachó hasta donde
estaban los ojos saltones de Krann.
Él meneó la cabeza.
-Siempre haces lo mismo.
-chasqueó la lengua.- Debería estar acostumbrado.
-En el fondo, me gusta que
no te acostumbres. -le besó en la cima del pelo rojo.- Eso demuestra
que quieres que mejore. -se estiró, pasó las manos por la tela rosa
de su vestido y se ajustó la corona en el medio de los rizos
naranja.- ¡Vamos allá!
-¿Y eso es todo? ¿Ni
siquiera pides disculpas? -gimió Krann.
Ella ya se había
encaminado por la derecha.
-¿Si te prometo que no lo
volveré a hacer, me creerás?
Krann sacudió la mata
roja.
-¡No! ¡Nunca lo haces!
-Voy por el camino de la
derecha...
-¡Oh, dioses! ¿Debo
darte las gracias? -a Lenora le sonó a sarcasmo.
-No, sólo confiar en mí.
-y se giró a esperarle.
-Sé que nunca va a pasar.
Lo sé... y sin embargo, espero que algún día suceda. Por ti, no
por mí. -la bola de pelo rojo con ojos saltones y pies marrones
asomando, comenzó a moverse hacia ella, bamboleándose.
-Eso espero... -susurró
Lenora.
-¿Qué has dicho? -Krann
se puso a su lado.
-Nada, nada; que te
espero. -ella se agachó de nuevo y volvió a besar la cima del pelo
rojo.- Oye... ¿y si te cambio de color? ¿No estás aburrido del
rojo?
-No.
-¿Y si te lo rizo?
-No.
-Tan solo unas ondas...
-No me gusta la magia.
-Solo un poquito...
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