miércoles, 17 de febrero de 2016

Cruce de caminos

Lenora se plantó en el cruce de caminos con los brazos en jarras y miró a Krann.
-¿Y ahora qué? -giró la cabeza siguiendo uno de los caminos con la vista, para luego hacer lo mismo con el otro.
-Mmmm... No sé... ¿Y si lanzas una moneda? -le contestó, meneando la mata de pelo rojo.
Lenora metió la mano en la bolsita de piel que llevaba cosida a la cintura del vestido. Hurgó un rato y sacó una brillante moneda de plata.
-Si sale el rey, vamos por la derecha; si sale el búho, por la izquierda. ¿De acuerdo?
-Paraparaparapara... ¿y por qué no al revés? -los enormes ojos saltones de Krann giraron hacia arriba para mirarla a la cara.
-Pueees... porque a mí me gusta más así. -Lenora se mordió el labio.
-Bueno, pues si es sólo por eso... ¡Vale! -y los ojos volvieron a girar hacia abajo para mirar al suelo de nuevo.- Pero no hagas trampas.
La blanca mano se movió en el aire rápidamente, seguida por el tintineo de la moneda al chocar contra la calzada de piedra.
-¡Rey! -sentenció Krann.
-Nonono. -respondió ella meneando uno de sus finos dedos-. ¡Es búho! ¡Fíjate bien!
Cuando los ojos de Krann giraron otra vez hacia la moneda, ésta tenía grabada la figura de un búho.
-¡Lo has vuelto a hacer! -los dos enormes pies marrones asomaron bajo la mata de pelo rojo, moviéndose compulsivamente. El pelo se agitaba y ondulaba por toda la superficie del cuerpo de Krann.- ¡Has vuelto a hacer trampas!
-¡No es cierto! ¡Ha salido búho! ¡Tú no lo quieres reconocer! -y le dio la espalda, dando golpecitos en la piedra con un pie.
-¡Tramposa! -uno de los pies marrones golpeó la moneda- ¿Ves? ¡Dos búhos!
Lenora se giró con los ojos entrecerrados.
-¡No es cierto! ¡Hay un búho y un rey! -y agitó de nuevo el dedo ante los ojos de Krann.
-¡No vuelvas a hacerlo! -Krann intentó poner el pie sobre la moneda, pero no lo hizo a tiempo. Un rey de frente apareció donde debería estar de perfil.- ¡Si querías ir por ese camino, podías haberlo dicho!
Lenora le miró.
-¿Y qué más da cuál camino coger? Eso no es importante. -y se cruzó de brazos.
Krann movió torpemente la bola de pelo rojo que era su cuerpo hasta ella.
-Entonces no tenías por qué hacerlo.
-Cierto. -Lenora bajó la vista.- Ha sido un poco estúpido, ¿no? -y se agachó hasta donde estaban los ojos saltones de Krann.
Él meneó la cabeza.
-Siempre haces lo mismo. -chasqueó la lengua.- Debería estar acostumbrado.
-En el fondo, me gusta que no te acostumbres. -le besó en la cima del pelo rojo.- Eso demuestra que quieres que mejore. -se estiró, pasó las manos por la tela rosa de su vestido y se ajustó la corona en el medio de los rizos naranja.- ¡Vamos allá!
-¿Y eso es todo? ¿Ni siquiera pides disculpas? -gimió Krann.
Ella ya se había encaminado por la derecha.
-¿Si te prometo que no lo volveré a hacer, me creerás?
Krann sacudió la mata roja.
-¡No! ¡Nunca lo haces!
-Voy por el camino de la derecha...
-¡Oh, dioses! ¿Debo darte las gracias? -a Lenora le sonó a sarcasmo.
-No, sólo confiar en mí. -y se giró a esperarle.
-Sé que nunca va a pasar. Lo sé... y sin embargo, espero que algún día suceda. Por ti, no por mí. -la bola de pelo rojo con ojos saltones y pies marrones asomando, comenzó a moverse hacia ella, bamboleándose.
-Eso espero... -susurró Lenora.
-¿Qué has dicho? -Krann se puso a su lado.
-Nada, nada; que te espero. -ella se agachó de nuevo y volvió a besar la cima del pelo rojo.- Oye... ¿y si te cambio de color? ¿No estás aburrido del rojo?
-No.
-¿Y si te lo rizo?
-No.
-Tan solo unas ondas...
-No me gusta la magia.
-Solo un poquito...


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