La sangre resbaló por el
filo de la hoja de la espada corta y goteó desde su punta hasta el
suelo, mezclándose con el polvo de la tierra a sus pies. La sacudió
con fuerza una vez y una nueva salpicadura se extendió entre la
mujer pantera y el cadáver del cazador de cabezas. Se agachó un
momento sobre el cuerpo, pero antes de cortarle la cabeza le apartó
la máscara del rostro con la punta de un pie y le estuvo observando
con detenimiento. Tenía rasgos duros y afilados, ahora un poco
distorsionados por la muerte, pero al menos no era nadie que pudiese
reconocer. Bajó la espada sobre su cuello, y de un corte limpio, la
cabeza se separó del cuello, moviéndose a penas del sitio. La
sujetó por el pelo oscuro y sonrió mientras le echaba otro vistazo.
De dónde había venido ése quizá viniesen más, aunque no era algo
que le preocupase demasiado en ese momento, había sido lo bastante
sencillo como para que no la asustase esa perspectiva. Se miró un
momento los cortes que tenía en el brazo y el costado, pero no
parecían nada tan grave. Hizo un nudo en el pelo de la cabeza
alrededor de su propio cinturón y se encaminó de vuelta hacia el
sitio dónde habían decidido parar a descansar antes de tener la
impresión de que alguien les vigilaba.
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